Hipersexualización y violencia simbólica

La violencia es cualquier acto que guarde relación con la práctica de la fuerza física o verbal para dominar a alguien o imponer algo. Quien la padece recibe un daño que puede ser tanto físico como psicológico.

Se trata de un concepto complejo que admite matices y grados, y puede manifestarse a través de múltiples formas. No necesariamente se trata de algo visible o consumado; puede manifestarse también como una amenaza sostenida y duradera causante de daños psicológicos en quien la padece.

Cualquiera reconoce bien la violencia cuando es explícita (aunque much@s quieran hacerse los ciegos), pero existen formas de violencia muy normalizadas socialmente e interiorizadas por quienes la padecen sin ser conscientes de ello.

Es por ello que me parece de suma importancia la propagación de esta información y debemos comenzar con un breve repaso de ciertos aspectos culturales, sociales y educacionales que sitúan a nuestra sociedad donde se encuentra, para poder entender a lo que nos referimos con la hipersexualización (concepto que veremos más adelante) y la violencia simbólica.

Venimos de una cultura patriarcal, pero el patriarcado sigue siendo un concepto muy ambiguo y tergiversado hoy en día por lo que es importante definirlo.

Miriam Al Adib en su libro Hablemos de Vaginas lo define como «un concepto utilizado en las ciencias sociales que hace referencia al reparto desigual del poder entre hombre y mujeres (y por extensión de los más fuertes sobre los más débiles) ya sea en el ámbito familiar, social, político o laboral».

Hay teorías antropológicas que afirman que el mismo viene de milenios atrás, cuando se pasó de la caza de bajo rendimiento a la caza de alto rendimiento, entonces el hombre se exponía a situaciones de mayor peligro, aumentó su masa muscular y su necesidad de más alimento.

Más adelante, cuando comienza la agricultura y la propiedad privada, comienza también la dominación del hombre sobre la mujer y la represión sexual.

¡YA NO MÁS!

Violencia simbólica

El sociólogo Pierre Bourdieu en los años 70 habló del concepto de «violencia simbólica» refiriéndose a un tipo de violencia que consiste en que el «dominador» ejerce una violencia no directa y no física sobre los «dominados» y que, a su vez, los dominados no son consciente de ello e incluso se vuelven cómplices.

La violencia simbólica en la mujer en nuestra sociedad de hoy se ejerce a través de esa herencia del patriarcado y se agrava por los intereses del mercado que construyen un modelo hipersexualizado de mujer, mujeres cuya valía no depende de sí mismas, sino que pasa por el valor que se le otorga por adaptarse a unos patrones que la vuelvan un objeto de deseo. Estoy convencida de que es por esto que los procesos femeninos naturales a menudos son vistos como algo negativo:

  • La menstruación
  • La menopausia
  • La maternidad
  • La lactancia

Todos procesos completamente naturales y generadores en pleno sigo XXI de miradas, comentarios hirientes, críticas, susurros y llevados a estándares imposibles.

¿Cómo es posible que aún hay lugares públicos de los cuales se han echado a mujeres por amamantar?

Hemos arrastrado estos constructos en nuestra historia a lo largo de tanto tiempo que nos hemos acostumbrado y llevamos ese concepto de mujer lineal, inalterable e hipersexualizada en nuestro inconsciente colectivo, porque mantener estos estereotipos de belleza en la mujer es lo que más interesa a la industria que mueve la moda, los productos de higiene femenina, la industria de productos cosméticos y de belleza, porque finalmente acabamos asumiendo inconscientemente estos estereotipos como normalidad y al final nadie ejerce violencia hacia nosotras sino que la violencia hacia nuestros cuerpos se acaba interiorizando, es decir, que la ejercemos contra nosotras mismas, esto es la violencia simbólica.

¿Hasta qué punto lo haces porque te valoras y quieres cuidarte? ¿O lo haces por encajar en ese estereotipo para sentirte valorada por los demás?

¿Comes sano,  quieres ser saludable, te sientes cómoda contigo misma? ¿O te sometes a cirugías invasivas y tratamientos abrasivos sólo para parecerte más a esa modelo que viste en la tele? Ahí está la diferencia entre lo que es normal y la violencia simbólica, a la cual muchas mujeres nos sometemos por costumbre y normalización de la misma.

Partiendo de la infancia, imágenes como las de las princesas de Disney dejan claro a las niñas que la mujer ideal es una mujer «bella» y sumisa, digna de un «príncipe azul» del que dependerá el resto de su vida y la protegerá de todo mal (dependencia).

En la adolescencia, las telenovelas o series televisivas nos muestran mujeres hipersexualizadas, que interpretan el típico papel de chica popular. Este bombardeo tiene un impacto especial en las mujeres más jóvenes, causando baja autoestima y vulnerabilidad ya que sus cuerpos nunca son suficientemente delgados ni «perfectos». El colmo de la violencia interioridad en las adolescentes la vemos materializa en los trastornos alimenticios, por ejemplo.

Es hora de crear nuevos cánones y entender que todas las mujeres somos perfectas sin importar nuestra condición física o social.

Sexualidad en tiempos digitales

A lo largo de los años muchas cosas han cambiado (para bien y para mal), pero existen problemas que persisten y se transforman. En generaciones pasadas, el problema era la róepresin sexual, el sexo se consideraba como algo sucio y el placer en la mujer era un tabú. Pero el modelo hipersexualizado de hoy no ha roto con la represión sexual de la mujer, porque, como ya hemos dicho, se trata de un modelo en que la mujer sigue teniendo el rol pasivo, su sexo no está para el disfrute de ella misma sino para el otro.

Para muestra de esto, si bien es cierto que siguen habiendo muchos grupos sin un acceso digno a la educación, es de conocimiento genérico el uso de preservativos para prevenir enfermedades y embarazos no deseados; sin embargo, sigo recibiendo muchas pacientes que presentan estos casos, simplemente  por no usar protección para complacer a sus parejas.

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué si existe la educación sobre el uso de preservativos? Porque no existe una educación sobre sexualidad humana que hable de la parte positiva de ella (afecto, placer, comunicación, vínculo, respeto…).

En conclusión, este falta de educación y si tomamos en cuenta que la educación sexual más generalizada es a través de la pornografía, lleva a normalizar esto rol pasivo de las mujeres y los hombres acaban creyendo que las mujeres son objetos cuyo papel es estar sometidas para complacerles a ellos.

Es por eso que agradezco el trabajo incansable de muchas mujeres que luchan por cambiar estos patrones y que cada día abren los ojos de más y más personas sobre la igualdad de nuestras necesidades y sentires, haciendo de este mundo uno mejor.

Así que hoy más que nunca me parece importante invitarte a participar en el Taller online Sex Détox los días 7 y 8 de noviembre, en donde te mostramos nuevas maneras de conectar con tu sexualidad y placer, sanando desde el interior todos tus malestares y miedos, y dejando atrás estos patrones tan dañinos.

¡Qué vivan las mujeres libres y felices!

No te olvides de compartir este material con quien desees; eres libre de multiplicarlo, difundirlo y gritarlo a los cuatro vientos.

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Con mucho amor, Kunda La Vagina.

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